El Salvador. Centroamérica
La Grandeza de lo Pequeño
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EL CICLISTA

Cuando buscábamos en INAR constituir la colección de nuestro futuro museo de arte popular,  hacíamos a veces  tortuosos recorridos para encontrar a los artistas populares que, según  referencias obtenidas de diferentes fuentes, podrían tener una producción interesante. Madeleine1 había encontrado en un puesto de venta de artesanías unas miniaturas de unos atletas, que por su fina elaboración y lo innovador del tema nos habían llamado la atención.

 

No fue fácil encontrar a la autora, Gabriela Arely Castellanos, pues no formaba parte del « staff » de artesanos que producían miniaturas en Ilobasco. Vivía en algún lugar de Soyapango. Logramos obtener una cita con ella y cuando estuvimos en su casa, que no tenía ningún aspecto del taller tradicional de barro de Ilobasco, nos desplegó sobre una mesa, toda una colección de piezas de atletas a cual mas sugestiva. Entre ellas había una  que me llamó poderosamente la atención; diría ahora, que me cautivó visualmente. Es la  emblemática miniatura de un ciclista.

 

Siempre abogué por que esa pieza tuviera un lugar destacado dentro del museo y durante mucho tiempo continuó intrigándome, como si encerrara algún misterio. Me parecía evidente que su riqueza formal venía de la intrincada trama en la cual se entrelazaban llenos y vacíos. Mucho tardó - con Henry Moore en el siglo XX – la conciencia artística en darse cuenta del valor estético del los huecos en una escultura. Esa referencia me sirvió para una primera « aproximación ». Pero en el « ciclista » había, sin duda, algo más.

En uno de esos tiempos muertos en los cuales la mente se pone a divagar, me decidí a intentar aplicarle un análisis compositivo y he acá el sorprendente resultado:

                                                                                       

 

 

 

Esta diminuta escultura, que no se sabe por qué milagro de destreza « digital » podría no fugarse de los dedos de la artista, está construida sobre la base del cuadrado.

 

Desde cualquier ángulo que se la mire, el cuadrado está implicado.  De los costados, se la ve casi perfectamente inscrita dentro de esa forma geométrica, si no fuera por un ligero desplazamiento dentro del cuadrado (guardando, sin embargo, el paralelismo con el borde)  de la parte de la cadera del ciclista y del asiento. Sin embargo este desplazamiento resulta ser una astucia sorprendente. En efecto, la figura hubiera sido demasiado estática de no ser por ese vacío que la « empuja » hacia adelante, acentuando la sensación de esfuerzo del ciclista.

 

Vista de frente, la  masa  del cuerpo contraído del personaje, se la puede ver también dentro de un cuadrado, al interior del cual hay líneas de fuerza que forman otro cuadrado girado de 45 grados. Podría agregarse, dentro del análisis, un triángulo equilátero formado desde el manubrio hasta la llanta de la bicicleta. Las delimitaciones son menos « exactas » que en vista lateral, pero es también cierto que es en esa posición en la que se produce mayor basculamiento, sobre todo cuando los ciclistas aplican el « spring ».

 

Finalmente, desde arriba, volvemos a encontrar la exactitud de la inscripción de la figura dentro del cuadrado, esta vez girado de 45 grados, lo que marca la dirección del desplazamiento, como una flecha.
 
Llegado a este punto, es importante, señalar los riesgos que este tipo de análisis comporta. En primer lugar, podría interpretarse que la artesana autora de esta pieza es una conocedora de la geometría; o que la construyó utilizando de manera conciente el cuadrado como guía de composición. En realidad, todo ser humano tiene de manera intuitiva por el hecho de encontrarse dentro del universo, la noción de verticalidad, horizontalidad, simetría, etc. . Con mayor razón las personas sensibles como son los artistas. Por otra parte, hay razones de orden cultural para considerar que el uso del cuadrado en las artes visuales, es muy frecuente entre los descendientes de las culturas precolombinas. Alejandro Tosatti2 en sus investigaciones encontraba esta recurrencia en muchos objetos hechos por artistas populares para ser utilizados en las danzas populares. Veía en ello el subconsciente de la cosmovisión precolombina según la cual el destino de los hombres estaba en las manos de los cuatro abuelos, a los cuales había que encomendarse al emprender cualquier actividad.

 

Otro riesgo es concluir que una obra de arte es solamente tal si se le puede aplicar este tipo de análisis compositivo. Una obra de arte resulta ser algo tan complejo en la cual existen múltiples dimensiones de orden formal, social, semántico, etc., en la cual se entrelazan los significados con los elementos significantes (parte de la forma utilizada para adecuarla a lo que se quiere significar) para producir estados de ánimo y sensaciones profundas. Un simple análisis compositivo se quedaría entonces muy corto y reductor.

 

En relación a la obra que nos ocupa, quisiera agregar que es una pieza que no traiciona la esencia del arte popular. Si se la ve detenidamente de frente, por sus proporciones, más parece una persona en una moto que en bicicleta, lo que nos remite a las limitaciones técnicas de los artistas populares, a esa rusticidad, que constituye, en mi opinión, un valor estético como lo he señalado en otros escritos.

 

Esta pieza es una obra somera en este museo, por su valor estético, por su capacidad de llevar a límites insospechados la miniatura del barro de Ilobasco, por la audacia del tema, como se ha señalado mas arriba.

En síntesis por la capacidad renovada de sorprender e inducirnos al ensueño, característica esencial del arte.
Mario MARTI, Châteaubriant, abril 2007
Miembro fundador de INAR

[1] Madeleine Imberton, miembro fundador de INAR

[2] Alejandro Tosatti, miembro fundador de la Asociación Cultural Incorpore, Costa Rica